ALVARO RECOBA

LA BANDERA NACIONAL

La tormenta que sacudió duramente a Montevideo durante 48 horas, se detuvo mágicamente a las 20.10 del jueves 22 de mayo. Cinco minutos después, con una luna llena y 35.000 "Bolsos" en las tribunas del mítico Estadio Centenario, Nacional comenzaba a cimentar el desafío que se impuso para este 1997: cortar los cuatro años de festejos ininterrumpidos de su histórico enemigo, Peñarol. Enfrente estaba Liverpool, y para dar la vuelta olímpica sólo cabía ganar. Fue 3-0 y fue campeonato, en una noche helada que se entibió futbolísticamente gracias a la magia que brota desde la zurda de un chiquilín habilidoso que es, hoy, la gran esperanza del fútbol uruguayo: el "Chino" Alvaro Alexander Recoba Rivero. Responsable máximo, a los 21 años, de la consagración. Goleador del torneo con 9 tantos. Genio y figura de este Nacional Campeón del Apertura '97 que redondeó una campaña admirable: 8 partidos ganados, 1 empatado, 2 perdidos, 25 puntos, 77 por ciento de eficacia.

Alvaro, de Maroñas a Milán

Jura este pibe de rasgadísimos ojos negros, que siempre anheló, en las polvorientas calles de Maroñas, ser futbolista. Pero nunca imaginó, ni en sus mejores sueños, alcanzar tan altos cielos. El quería ser como su ídolo, Ruben Sosa, pero las aspiraciones nacían y morían en la querida camiseta de Danubio. Es que para el humilde origen, eso bastaba. Además no era sencillo el pequeño objetivo: había que ser muy guapo para descollar en esos picados sobre la tierra que dejaban, después de cada patada, enormes raspones y rodillas peladas. O sino, jugar mucho, contrarrestar la fiereza con talento.
Y por ahí andaba la ruta de Alvaro Recoba, por el amor a la pelota, a la gambeta. Por eso rápidamente tuvo que irse de Danubio. Nacional fue la escala previa y casi obligada la otra alternativa era Peñarol para dar el gran salto. Que no tardó mucho en llegar....
El Chino, el hijo del repuestero de autos Raúl Antonio y de Susana, la madre que aún lo sigue mimando alcanzándole hasta las concentraciones sus comidas favoritas, ya es jugador del poderoso Internazionale de Milán, que pagó por él 5 millones de dólares. Sí, el mismísimo equipo donde deslumbró su ídolo Sosa. El del chileno Iván Zamorano y de Javier Zanetti. Un club que tiene como único objetivo anual, en la Liga más importante del mundo, el scudetto. El Inter que también quiere, nada menos, al mejor jugador del mundo, el brasileño Ronaldo, por quien ofreció la friolera de 70 millones de dólares.
Parece mentira, pero es real. Atrás quedaron los inicios en el baby fútbol, cuando los clubes Ituzaingó, Arbolito y Celiar ­todos de Maroñas gozaron de sus primeras diabluras. La zurda fue haciéndose conocida, y hasta hubo que largar la Escuela Técnica en tercer año. A los 17 llegó el debut, para Danubio y contra Defensor. Y después vino toda la historia...

Tres toques, y me voy

"Yo sé que acá, en Uruguay, hago tres jugadas por partido y me alcanza para ser figura....", dice el Chino muy convencido en la tranquilísima concentración de Los Céspedes, cuando apenas faltan unas horas para salir a buscar el título.
Tres jugadas, dijo. Y así ocurrió, nomás...
A los seis minutos hubo tiro libre por izquierda para Nacional, a treinta y cinco metros del arco. "Gira el pie para donde quiere, le pega como los dioses", nos había susurrado Miguel Angel Puppo, el técnico del equipo. Y Recoba la empalmó con la cara externa, con una violencia y una justeza impresionantes. Fue travesaño, rebotes, y atropellada del caudillo del equipo, el "Caballo" Fernando Kanapkis, aquél que pasó por Mandiyú de Corrientes a principios de los noventa. Ah, fue el 1­0... Después, metió la segunda estocada cuando Liverpool más presionaba y se jugaba los últimos boletos: contraataque letal de Juan González por izquierda, pelota cruzada al otro lado, y el Chino, en la puerta del área chica, gambeteó a Seré con un amague y se metió con pelota y todo adentro del arco. Una joya, 2­0 y título asegurado... Faltaba el broche, el remate supremo. Llegó en el descuento cuando un toque maestro suyo lo dejó a Kanapkis de cara al gol: 3­0.
Esas fueron las causas de la victoria. La consecuencia: el Chino en andas, frente a una tribuna Amsterdam repleta que lo ovacionó y le dedicó la mejor de las músicas: "¡El Chino no se va, el Chino no se va!". Es un canto que no modificará el curso de esta historia, pero también es una declaración de amor inconfundible hacia el ídolo que parte.

"Quiero jugar con Enzo en River"

La declaración anterior lo pinta como haragán. De eso y de rebelde lo tildaban en Danubio. Pero eran pecados de extrema juventud. Hoy, más maduro, parece haber cambiado. Y no come vidrio...
Yo sé que con tres jugadas, en el fútbol italiano, no duro ni una temporada. Pero uno se adapta al nivel con el que convive...
Aquí te acusan de lagunero. Eso, para el nivel del fútbol italiano, equivale a un pasaporte de vuelta...
Realmente lo soy. Y lo debo corregir, tengo que estar más en contacto con la pelota. En Uruguay es casi imposible, las canchas no ayudan y el juego casi siempre anda por el aire. Estoy dispuesto a un sacrificio que me permita ganar dinámica. Si no lo hago, en Italia no voy a poder tocar la pelota.
­¿Cuánto te hubiese servido un paso por el fútbol argentino?
Mucho. El salto no hubiese sido tan duro. En lo futbolístico y en lo humano, ir desde Montevideo hasta Milán es demasiado. Buenos Aires hubiera sido una escala ideal.
Teniendo en cuenta que tu representante Paco Casal tiene excelentes relaciones con River, y que Inter seguramente tendrá completo el cupo de extranjeros, ¿es posible verte al lado de Enzo Francescoli en el próximo Apertura argentino?
Todo puede ser. Ojalá me quede en el Inter, yo tengo fe de deslumbrarlos. Pero en el caso de que ellos prefiriesen cederme a un club chico italiano o a otro del mundo, yo elegiría jugar con Enzo en River.
­¿Por qué?
­Porque sería cumplir con el sueño de toda mi familia. Ellos quieren verme al lado de Enzo al menos por un campeonato entero. Mi ídolo de chico era Rubén Sosa. Pero ya de jugador, por su talento y por su humildad, lo admiro a Enzo. Quiero jugar con él, nunca me voy a olvidar los elogios que siempre me hace. No lo puedo ni creer.
­¿En la Selección uruguaya es imposible cumplir ese sueño?
­Parece que sí. El técnico Juan Ahuntchain, evidentemente, no me quiere. Dice que me falta experiencia, pero contra Venezuela en el Centenario, que era un partido bárbaro para darme seguridad, ni me convocó.
­¿Se clasifican para el Mundial?
­El próximo partido contra Colombia (el 8 de junio) será decisivo. Hay que ganarlo. Yo les tengo una fe enorme a los jugadores de mi país. Creo que vamos a ir a Francia.
­¿Cuál es la causa de tantos problemas?
­Aquí no se escucha a los que les va bien. Enseguida se los critica. La prueba es el Maestro Oscar Tabárez: en lugar de estar orgullosos de que un técnico uruguayo haya llegado a dirigir al Milán, sólo recuerdan que lo echaron. Con Francescoli y con los demás que triunfan pasa lo mismo, es una cuestión de mentalidad.
­¿Jugarías con Enzo en Peñarol?
­Jamás. Nacional ya se instaló en mi corazón. Soy "bolso" hasta las entrañas.

Nacional campeón. Se quedó con la mitad del año y le trasladó toda la presión a Peñarol para el segundo semestre. Con argumentos sólidos como ser un equipo compacto y metedor. Con columnas como el arquero Carlos Daniel Nicola, el zaguero Fernando Kanapkis y el volante Nelson Abeijón. Redondeando una campaña brillante a la que solo le faltó la victoria en el clásico. Con todo eso. Y con algo más, fundamental, básico para la obtención del logro: el talento y los goles de Alvaro Recoba. Un crack más que Sudamérica exporta hacia Europa. ¿Pasará primero por River?

DANIEL CZWAN
Fotos: ALEJANDRO PAGNI
Enviados especiales a Montevideo, Uruguay

 


DIEGO ARMANDO RECOBA

Así tituló, o más bien celebró, el Diario "El País" el gol que el Chino le convirtió el 19 de abril a Wanderers (2-0 con dos de Recoba) durante el Apertura que finalmente consagró campeón a Nacional. Fue un golazo, tras un rush impresionante de derecha a izquierda que arrancó cerca de su propio área y terminó en la otra, con gambeta al arquero Menéndez incluida y toque al arco vacío. Una joya, que mereció la comparación con el gol de todos los tiempos: el segundo de Diego Armando Maradona a los ingleses en el Mundial de México '86.

ã El Gráfico (República Argentina)